La directiva se aplica a todos los edificios de nueva construcción, aunque no se especificó claramente cómo se determinarán si las ventanas cumplen con esta condición. Además, no se detalló si la ley afectará a las viviendas ya existentes. En el caso de que algún edificio viole estas directrices, los funcionarios han sido instruidos para tomar las medidas necesarias y evitar que se sigan realizando construcciones contrarias a las regulaciones.
Según el Gobierno talibán, esta normativa tiene como objetivo reducir posibles disputas entre vecinos y promover una convivencia armoniosa, en línea con la preservación de los principios de la sharia, la ley islámica.
Algunos residentes, como Surosh Ahmad, consideran que la medida es positiva, ya que según él, los edificios altos en Kabul han afectado la privacidad de las casas tradicionales más bajas. Sin embargo, otros ciudadanos, como Rasool Sharifi, critican la ley, argumentando que Afganistán enfrenta problemas mucho más graves como la pobreza, el desempleo y la crisis económica, y que las prioridades del Gobierno deberían centrarse en abordar estos problemas en lugar de en la construcción de ventanas.
Esta medida se inscribe dentro de una serie de restricciones impuestas por el régimen talibán desde que tomaron el poder en agosto de 2021, especialmente contra las mujeres. Las afganas han sufrido un retroceso significativo en sus derechos, incluidos la prohibición de la educación secundaria y universitaria femenina, así como la obligación de cubrirse el rostro y salir acompañadas por un miembro masculino de la familia.
Este giro en las políticas recuerda el régimen anterior de los talibanes entre 1996 y 2001, cuando impusieron restricciones severas en la vida de las mujeres, basadas en una interpretación estricta del islam y un código social llamado pastunwali.
La decisión de prohibir ventanas con vistas a las casas de mujeres ha generado una respuesta mixta en la población. Mientras algunos lo ven como una medida de protección de la privacidad, otros la consideran una distracción frente a los problemas más urgentes que enfrenta el pueblo afgano.
A pesar de las críticas, el Gobierno talibán sigue implementando sus políticas, que reflejan una creciente opresión hacia las mujeres y una vuelta a las estrictas normas sociales del pasado.
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