El ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchí, afirmó este sábado que un enriquecimiento cero de uranio no forma parte de lo que se puede negociar con Estados Unidos y reiteró que el programa nuclear iraní continuará de acuerdo con las necesidades del país, sin que el material enriquecido sea trasladado fuera de su territorio.
“El enriquecimiento al cero por ciento está fuera del alcance de las negociaciones. El nivel de enriquecimiento depende de nuestras necesidades, y el uranio enriquecido no saldrá de Irán”, aseguró Araqchí en una entrevista con la cadena Al Jazeera en Doha, un día después de retomar las negociaciones nucleares con EE.UU. en Mascate, Omán.
El canciller iraní destacó que el enriquecimiento de uranio es un derecho de Irán y que “debe continuar”, aunque señaló que Teherán está dispuesto a llegar a un “acuerdo tranquilizador” respecto a su programa nuclear.
Araqchí afirmó que la industria misilística de Irán “nunca será objeto de negociación”, al considerar que se trata de un tema estrictamente defensivo.
De este modo, volvió a rechazar las exigencias de Washington para que Teherán limite su programa de misiles, una condición que Estados Unidos plantea para concretar un acuerdo que incluya el tema nuclear y el apoyo de la República Islámica a grupos regionales como Hizbulá en Líbano, Hamás en Palestina y los hutíes en Yemen.
Horas antes, el presidente estadounidense, Donald Trump, calificó como “muy buenas” las conversaciones del viernes con Irán y aseguró que un acuerdo centrado únicamente en el programa nuclear iraní “sería aceptable”.
Teherán y Washington reanudaron ayer sus negociaciones nucleares en Mascate, tras las amenazas de Trump de una posible intervención militar en Irán si no se alcanzaba un acuerdo o si continuaba la represión contra los manifestantes.
En ese contexto, Estados Unidos desplegó el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate cerca de aguas iraníes en el golfo Pérsico.
Las conversaciones se producen en uno de los momentos más críticos para la República Islámica, luego de las protestas más violentas desde su fundación en 1979, en medio de una profunda crisis económica, un creciente descontento social, la peor sequía en décadas y problemas de suministro de electricidad y gas.
Las manifestaciones comenzaron en diciembre por la caída del rial, pero rápidamente se extendieron por todo el país con demandas de poner fin al régimen. Finalmente, fueron reprimidas, y Teherán reconoce 3,117 muertos.
No obstante, organizaciones opositoras como HRANA, con sede en Estados Unidos, elevan la cifra a 6,955 fallecidos y aseguran que aún verifican más de 11,600 posibles muertes, además de 51,000 arrestos.
La relatora especial de la ONU para Irán, la japonesa Mai Sato, indicó a medios estadounidenses que informes de médicos dentro del país apuntan a que la represión pudo haber dejado hasta 20,000 muertos, aunque Naciones Unidas advierte que esas cifras siguen siendo difíciles de confirmar.


