Por: Leanlly Pérez- Un tribunal de Aviñón, Francia, condenó a Dominique Pelicot a 20 años de prisión tras declararlo culpable de drogar y violar a su exesposa, Gisèle Pelicot, durante una década.
Además, fue hallado responsable de reclutar a más de 50 hombres para que abusaran sexualmente de ella mientras estaba inconsciente. El caso ha sacudido al país y ha puesto en el centro del debate el tema de la violencia sexual y el abuso de poder dentro de las relaciones de pareja.
Dominique Pelicot fue condenado por violación agravada y otros delitos, y recibió la pena máxima permitida por la ley francesa. Durante el juicio, que se extendió por casi cuatro meses, se abordó la atrocidad de los crímenes cometidos entre 2011 y 2020, cuando Pelicot suministraba tranquilizantes y somníferos a su esposa sin su conocimiento, lo que provocaba que ella perdiera la memoria y se desmayara.
Gisèle no se enteró de lo que estaba ocurriendo hasta después de que su esposo fuera denunciado por un guardia de seguridad por tomar fotografías inapropiadas en un supermercado.
El exmarido utilizó una página web para reclutar a hombres de la zona, a quienes invitaba a su casa a tener relaciones sexuales con Gisèle mientras ella estaba en un estado de coma inducido por los fármacos.
La víctima, que pensaba que tenía una relación de pareja normal, fue brutalmente explotada por su marido, quien la trató como un objeto de abuso durante años.
La mayoría de los otros acusados, hombres de entre 27 y 74 años, alegaron que pensaban que lo que estaban haciendo no era violación, ya que creían que las prácticas sexuales formaban parte de un acuerdo consensuado entre Gisèle y su marido.
Muchos de los condenados eran personas con profesiones respetables, como bomberos, guardias de seguridad y camioneros, lo que llevó a la prensa a referirse a ellos como «Monsieur-Tout-Le-Monde» (Señor Cualquiera). Sin embargo, el tribunal desestimó estos argumentos, considerando que cualquier acto sexual con una persona inconsciente es, por definición, una violación.
El caso de Gisèle Pelicot ha sido un hito en la lucha contra la violencia de género en Francia, y su decisión de renunciar al anonimato y enfrentarse públicamente a su trauma ha sido aclamada por su valentía. Durante el juicio, Gisèle se presentó en la sala de audiencias como un símbolo de fortaleza, enfrentando su dolor con determinación.
Su valiente testimonio ha inspirado a muchas otras víctimas de abuso a hablar y denunciar lo que han sufrido. De hecho, ella misma ha declarado que su objetivo era «hacer que la vergüenza cambie de bando», de la víctima al violador.
La reacción del público ha sido abrumadora, y Gisèle ha recibido apoyo tanto en el tribunal como fuera de él. En las afueras del tribunal, manifestantes portaron carteles de apoyo y la ovacionaron cuando llegó al juicio, como un reconocimiento de su valentía.
La presidenta de la Asamblea Nacional francesa, Yaël Braun-Pivet, expresó su gratitud a Gisèle, afirmando: «Gracias a usted, hoy se escuchan las voces de tantas víctimas, la vergüenza cambia de bando, se rompe el tabú».
El caso también ha tenido un impacto a nivel político, con muchos legisladores y activistas elogiando el coraje de Gisèle y llamando a un cambio más profundo en la lucha contra la violencia sexual.
La condena de Dominique Pelicot y de los demás acusados también es vista como un importante paso en la lucha por los derechos de las mujeres y por el reconocimiento de la violencia sexual en todas sus formas.
Aunque el juicio ha terminado, Gisèle Pelicot continúa luchando por su recuperación emocional y por la justicia para otras mujeres que han sido víctimas de abusos similares.
A pesar de la gran atención que ha recibido, Gisèle ha insistido en que no se le considere un ícono, sino una mujer «normal» que decidió hablar en nombre de todas las víctimas que no tienen la oportunidad de hacerlo. Su historia, sin embargo, ha dejado una marca indeleble en la sociedad francesa y en el movimiento global por los derechos de las mujeres.
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